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El Reino Prohibido: C1

  El Reino Prohibido Capítulo I Ash “El fuego lo devoraba todo. Los gritos se mezclaban hasta perder forma. Acero, carne, magia, caos. Luego, un silencio antinatural. El mar borrándolo todo como si nunca hubiera existido. Mi cuerpo no respondía, me sentía tan cansado. Las tinieblas se cerraban a mi alrededor.” —       ¡¡¡Ash!!! ¡¡¡¿Estás despierto, dormilón?!!! Me sobresalté, abriendo los ojos de golpe. ¿Qué clase de sueño había sido ese? Últimamente, esas visiones raras se estaban volviendo demasiado habituales, lo peor era que cada vez sentía una extraña sensación de pertenencia. Me froté el rostro con una mano pesada y me senté en la cama, intentando sacudirme la pegajosa sensación. Intenté levantarme para abrir la puerta, pero al poner un pie en el suelo, sentí una prominente erección en mis bóxers. Una carpa gigantesca, dura como una columna de cemento. Mierda, no podía abrir así. Rápidamente, empecé a buscar mi pantalón. La puerta volvió a...

El Reino Prohibido: Prólogo

  El Reino Prohibido Prólogo Abrí los ojos con la pesadez, sintiendo cómo mis pestañas luchaban por despegarse. Mi consciencia flotaba en una neblina post-orgásmica, densa y dulce. Lo primero que registré fue el peso obsceno sobre mi propio pecho; mis enormes tetas, esos cántaros de carne lechosa que siempre han sido mi maldición y mi orgullo, estaban embadurnados de un espeso glaseado seminal. Brillaban en la penumbra como dos montañas nevadas tras una tormenta, la cálida semilla de hombre escurriendo perezosamente por mis pezones hinchados y oscuros, trazando caminos húmedos hacia mi vientre y estancándose en el valle profundo de mi sexo. Sentía mi propia concha todavía palpitando, dilatada y hambrienta, como si toda la leche dentro no hubiera sido suficiente.     El aire de la habitación estaba viciado, cargado con ese olor inconfundible a sexo duro, almizcle y feromonas femeninas desatadas. Mis oídos captaron el sonido rítmico, casi violento, de carne impactando...

Sangre Caliente: C1

  Sangre Caliente Capítulo I Leo “¡Jack era un hijo de puta!”. Mientras trapeaba el piso, el enojo le latía más fuerte en las sienes. El muy idiota había sido quien empezó a lanzar bolitas de papel. Leo solo siguió la broma, pero cuando su madre —su propia madre, y precisamente la maestra de geografía— volteó, lo único que vio fue a él riéndose. Y Jack, con su cara de santo, los lentes perfectamente acomodados y ese aire de empollón intocable, bajó la mirada como si nunca hubiera roto un plato. “A los nerds no los castigan”, pensó Leo con fastidio. «Y menos si es un blanquito de mierda que saca diez en cada puto examen.» El trapo golpeó el suelo con un sonido húmedo. Estaba cansado, y cada pasada se hacía más pesada que la anterior. La escuela, a esa hora, se sentía distinta: vacía, sin voces, sin pasos, solo el eco del agua cayendo del balde y el roce de la escoba. A cada movimiento, su molestia crecía un poco más. Cuando por fin terminó, se enderezó y observó el aula: l...