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LUCES DE MEDIANOCHE/Cap. I

Capitulo I 
Luke Cranston 
Despacho del abogado Jeremy Thompson

De una forma que no podía entender, Luke veía uno de sus zapatos colgando del reposapiés como una sandalia. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba ahí, ni si Jeremy ya se había dado cuenta y había tenido vergüenza de decirlo. Estupefacto, tampoco dijo nada, y continuó la conversación.

— ¿Cómo pasó? 
— Una de sus pastillas se le cayó. Tan simple como eso, y quiso recogerla del suelo. Para cuando lo encontraron, la tenía en sus manos, pero su cuerpo seguía en el suelo. Según los médicos, convulsiono muy fuerte y sin nadie que le diera atención inmediata en ese momento, empeoro todavía más su condición. 
— Ya... pero acaso a esa gente no les pagan para estar con mi padre las veinticuatro horas del día. 
— A tu ma... a la Señora Cranston se le había roto el tobillo esa tarde, y la estaban atendiendo.

Luke levantó la vista a los ojos de Jeremy, de inmediato supo que se arrepentía mucho de lo que intento decir. Esa mujer, esa maldita familia, ni siquiera en estos momentos podían dejarlo tranquilo.

— Me tomas por un idiota, y yo que creí que éramos buenos amigos. 
— Soy tu amigo, Luke. Vamos, te hice llamar precisamente porque eres mi amigo y tenía que decírtelo. Y tú, de una vez tienes que aceptarlo. 
— Yo no quiero absolutamente nada de ellos—resolló— ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? 
— Sí, y también por eso te llamé —contestó— ¿Es que no lo entiendes? 
— No tienes idea de las veces que he deseado en mi vida haber nacido en otra familia.

Día cualquiera, seis de la tarde, a la mujer que Luke más amó en el mundo se le vaciaron los frenos en una autopista del centro. Hizo todo lo que tuvo en sus manos para no herir a nadie, su pericia evito que el accidente se volviera una tragedia. Pero había muerto, y ese día una parte de él murió con ella, una parte que en los siguientes años se había empezado a comer el resto. Cuatro años después, el mismo día y a la misma hora, se le vaciaron los frenos a él. Pero a diferencia de ella, sobrevivió.

— No permitiré que le pongan un dedo encima. 
— Por eso vamos a protegerlo, tú y yo. Lee el documento, Luke. 
— Y si de una vez por todos nos largamos. Me gustaría volver a Perú. 
— También tienes a una mujer que te adora, y dos preciosas hijas. No solo pienses en…

Se preguntó en que momento había dejado de ser un padre para su hijo. Ya ni siquiera recordaba una última conservación larga, una verdadera, de padre a hijo. Lo único que le venía en la mente era esa mañana, cuando todavía tenía catorce años. Aquella mañana que cambió sus vidas para siempre. No hubo vuelta atrás en su relación desde ese día. Ahora había comenzado la Universidad y ya era un hombre, un hombre con sueños, aspiraciones y proyectos. No iba a arruinarle la vida. No iba a dejar que esa maldita familia suya destruyera el más precioso regalo que le había dado Alexandra.

— Está bien —dijo —pero hoy no. Déjame los papeles, necesito que todo quede en orden. 
— Claro, claro. No te preocupes. Yo saldré de la ciudad por unos pendientes. Cuando vuelva lo haremos, amigo. 
— Gracias. 
— No tienes nada de que agradecerme. Sabes que lo hago por ti.

El maldito zapato cayó en un golpe que resonó por todo el despacho. Jeremy se levantó de inmediato para agacharse y poner el zapato en su lugar. Tomó la silla de ruedas y lo condujo al jardín, el día era precioso.

Donald Griffin 
Hotel McKinley-Alaska

Esperaba una respuesta que no le iba a gustar, y Donald se preguntó, si mejor no sería cerrar el portátil y mandarle un mensaje diciéndole que la videollamada se cortó por una tormenta. Descartó la idea, tendría que decírselo por teléfono y seria mucho peor.

— ¿Entonces?... 
— A finales de invierno se reunirán con un comprador. Si el Hotel cambia de dueño… 
— Ajá —resopló furiosa— Ya, ¿y mientras tanto? 
— El Gerente es muy buen amigo mío, tal vez si le digo que nuevamente nos haga un pequeño préstamo… 
— Aun no le devolvemos el préstamo anterior, y el anterior a ese.

Era verdad, y había comenzado a comportarse raro con él últimamente.

— ¿Has hablado con Frank? 
— La respuesta a la financiación del proyecto también llega a finales de estación, y esa… esa mujer no deja de inmiscuirse en mi trabajo. Ya sabes que somos una microempresa.

No se llevaban bien, pero con Alexandra había sido todo lo contrario. Se hicieron inseparables rápidamente y los hijos de ambos también, con excepción de Cindy que, con el tiempo había empezado a llevarse tan mal con Frank, que Mike decía que ella le odiaba al mismo nivel que sus hermanas. Se preguntó tantas veces como habría sido esa familia sino le hubiera pasado ese horrible accidente a Alexandra, lloraron tanto esos dos que cuando por fin se levantaron no se reconocieron.

Su mujer también lloró su perdida, pero ese chico había demostrado que era más fuerte que su padre. Y ahora, con el accidente reciente, muchas cosas empezarían a cambiar para ellos. Esperaban que incluyeran a Scarlet con un sueldo mas alto. Ese chico a los dieciséis años había decido poner solo una tienda de ropa para adolescentes en internet, a los diecisiete ya había acumulado una buena cantidad de clientes como para crear su propia marca, pero no tenía la edad de acuerdo a ley para hacer eso. Al menos no por cuenta propia.

Scarlet y su padre la firmaron. Llevaba un año en funcionamiento y habían intentado comprarla un sin número de multinacionales, pero Frank se había negado, y la microempresa necesitaba financiación para crecer, para dar el gran salto. Y la gerencia y la administración no se llevaban bien, no se llevaban para nada bien. Luke había puesto a Crystal en la gerencia, y Frank había puesto a Scarlet en la administración. Y juntas eran peor que perros y gatos.

Si no fuera por el fraude fiscal en el que estuvieron involucrados, ambos habrían tenido un futuro distinto del que tenían ahora. Muy distinto. Pero los medios habían hecho pedazos la reputación de los empleados que habían tocado los recursos de unas ONGs para niños enfermos de cáncer. Ni siquiera con el juicio los dejaron en paz. Toda la gerencia, asesores, y administradores, fueron expuestos en pantalla de una forma deliberada, y cuando declararon su inocencia ya era demasiado tarde, el daño ya estaba hecho. Y por más que trataron de enviar sus CV a empresas vecinas, nadie los quería o al menos no para un puesto tan grande, y se habían contenido que conformar con trabajos muy pequeños, además de que se habían endeudado hasta los huesos con préstamos hipotecarios para limpiar su imagen con los abogados.

— Nuestros hijos ya no son unos niños, Donald— dijo Scarlet— Mike me dice que le gustaría empezar un trabajo de medio tiempo… 
— ¡No! Ya te dije que lo único que tienen como obligación es terminar la Preparatoria, los exámenes de ingreso están a la vuelta de la esquina. 
— Lo sé, y por otro lado esa niña no deja de romper mi tarjeta de crédito. Vacía su closet al mínimo despiste que tengo. 
— Hablaré con ella… 
— Ah, y me han empezado de llamar de un banco de nombre ABC William Sh…

Luke se puso pálido, y trato de disimular lo mejor que pudo. La Casa de Apuestas hablaba en serio, un sudor frio empezó a correr por su mejilla. Esos tipos eran peligrosos, tenía que deshacer de ellos. A él no le habían llamado, directamente le habían amenazado, pero no le había dado importancia en ese momento. Se había reído incluso de los intereses desorbitantes que le habían llegado por correo y que le seguían llegando. Tenían un montón de locales repartidos por todo el Estado, y el había ido a parar uno. Maldijo haber entrado, pero maldijo todavía su estupidez por repetir ese error más de una vez.

— Donald, ¿te encuentras bien? 
— Yo… sí… no te preocupes. 
— Oye no quiero que te pongas mal por favor —le suplicó con sus ojos. 
— Estoy bien, no te preocupes, de veras. 
— Quédate tranquilo… yo veré —dio un largo suspiro— buscaré la forma.

No estaba siendo justo con ella. No podía ser siempre la que sacara a flote la familia.

— ¿Y qué novedades hay en Anchorage? ¿Has salido con tus colegas? ¿Con alguna chica? — bromeó.

Esta vez tuvo que reír en alto para que no se lo notara la impresión de ese último comentario. Quiso salir rápidamente del tema.

— ¿Sabías que eres la mujer más sexi del planeta? 
— Ni tanto, mi marido ya ni me pone un pelo de encima. 
— Oh, vamos. Ya sabes que iré en… 
— Estoy bromeando— sonrió. 
— Pues yo no bromeo con lo jodidamente sexi que te ves con ese camisón. 
— Ah, ¿sí? — movió la portátil para que observará más de cerca tu cuerpo. 
— Mmm… las estas sosteniendo del lado equivocado, no te veo bien. 
— Dame un segundo, conéctate desde tu teléfono. No cuelgues.

Tardo menos de un minuto. Luke se puso lo más cómodo posible y consiguió conectar. Abrió la mandíbula y no supo que decir.

— Ohh, mierda. 
— Hace un poco de calor aquí… 
— Mmm…Scarlet… Dios… mi amor…

Se había puesto un palito de selfie y barría la cámara por todo su cuerpo con su teléfono. Se había quitado el brasier y solo tenía una tanga que se había perdido entre sus nalgas.

— Dios… Scarlet… estas buenísima… 
— ¿Te gusta lo que ves? —preguntó.

Scarlet se estiró en la cama boca abajo y apuntó la cámara desde arriba, tiro con una mano todas las almohadas de la cama y dejo solo un oso de peluche que en su época de enamorados le había regalado. Media más o menos unos cincuenta centímetros, ella le tenía un cariño especial. Empezó a meterse un dedo en la boca, como a él le gustaba, luego empezó a moverse su impresionante culo, como cuando esperaba impaciente la penetración.

— Mierda… Ohh… si… 
— Donald… te extraño un montón… 
— Súbe el teléfono un poco más arriba bebé, quiero ver ese rico culo que tienes.

Scarlet se puso en cuatro, pero pego sus hinchadas tetas a la cama, todo su pecho, y sostuvo con las dos manos la cámara de tal forma que al levantarlo lo único que podía verse eran esas inmensas nalgas que sacudía muy despacio. La de la derecha, la del lunar, era su favorita, podía observarla por horas, empezó a agitarlas, como en los videos de chicas bailando reggaetón que se podían ver en la internet.

— Más duro mi amor… no… espera… pon en la laptop esa música que escucha Cindy por favor.

Parecía que había adivinado y ya la tenía lista, apenas y se movió unos segundos y ya estaba en la misma posición nuevamente. Al menos ese monumento de culo que empezó a batirse al ritmo de la canción, estaba seguro que podía hacerlo mejor, así que le pidió que lo hiciera más fuerte.

— Nalguéate mi amor… vamos… muéstrales a esas adolescentes como realmente se hace.

Sabía como excitarla, y su petición la enloqueció. Saco dos libros de su cajón, y se ideo para improvisar un trípode, luego comenzó a castigar ese trasero como le gustaba. Ahora podía verla bien, tenía la boca salivando en las sabanas y se intercambiaba cachetadas en las nalgas dando lagos gemidos con cada una.

— Eso es… vamos… tu eres mil veces mejor que todas esas mocosas juntas...

Si antes la había incendiado ahora era un ciclón, realmente se movía mucho mejor, de escándalo, batía ese culo mejor que nadie que había visto por internet y televisión.

— Estas humillando a las mocosas del video mi amor… tu eres una diosa…¡una diosa!

Ahora si se puso en cuatro, pero ya no eras más un baile, ni el ritmo, estaba completamente excitada y simulaba con ansias la penetración desde atrás. La estaban follando en ese mismo instante, bien duro, muy duro y la imagen le pareció sacada de una película porno.

— Nalguea ese culo mi amor, dale… vamos… eso es… que se escuche… si así… no te detengas... quiero verlas muy rojas desde aquí 
— Ahhhh…Donald…ojalá estuvieras aquí

Se quitó esa delgada línea de tela que usaba como ropa interior y empezó a pajearse directamente, Luke pensó que si se tocaba la polla en estos momentos se correría en su pantalón.

— ¡Tengo una idea mi amor! Recuéstate como estabas antes. 
— ¿Así? — dijo excitadísima. 
 — Si mi amor, ahora ponte tu osito entre medio de las nalgas. Como si te estuviera follando desde atrás. 
— ¡Noooooo! ¿Qué dices? 
— Hazme caso bebé.

Cuando se puso en cuatro hace unos minutos ya había una mancha húmeda, ahora debía estar escurriéndose. Solo tenía que presionarla. 

— Soy yo bebé, el osito soy yo… y te quiero follar.
— Ahhh…nooo… 
— Quiero follarte bien duro mi amor… vamos… hazlo…

Como esperaba dio resultado, coloco atrás el oso de peluche, el maldito seguro estaba teniendo una magnifica visión de esos cachetes, desde la cámara apenas podía ver sus orejas.

— Ahora apriétame mi amor… quiero que aprietes bien duro.

Cuando Donald dijo eso, el oso simplemente desapareció, aquellas montañas de carne lo habían devorado.

— ¡Te estoy follando, mi amor! ¡Te estoy follando! ¡Que rico! 
— Ahhh….. ahhhhh….ahhhh….

Empezó a simular como si estuviéramos follando en cucharita, y Donald no pudo más, apenas y pudo sacar su pene para eyacular en las sábanas.

— Ah… quiero…. — Si mi amor…córrete. ¡Vamos, bebe! ¡Eso! ¡Así! ¡Duro!

Vio poner sus pies uno sobre otro casi queriendo amarrarlos para apretar el oso de peluche todavía más. Empezó a simular el acto de forma salvaje, subía y bajaba a un ritmo endemoniado.

— Ahhhh….ahhhhhhh…ahhhhh 
— ¡¡¡Con todas tus fuerzas mi amor!!! 
— Ayyyyy….. ahhhhhhhhhhhhhhh…. me corroooooo…..

Y la vio retorcerse casi saltando de la cama, y poco a poco bajar el ritmo, hasta relajar todos sus músculos. Se quedó boca abajo casi cinco minutos enteros, inhalando y exhalando como si hubiera corrido una maratón de doscientos kilómetros.

— Eso estuvo riquísimo— declaró. 
— Acabo de tener una idea. Una idea completamente estúpida. 
— Mmm… dime… — Tu manejas muy bien el tema de publicidad de imagen… 
— Bueno ¿Y? — Es que es una idea muy estúpida. 
— Ya diloooo… 
— ¿Y si…y si te creas un OnlyFans?

Scarlet se levantó de golpe y se dirigió a la cámara de una manera muy seria.

— ¡No puedo creer que me estés pidiendo eso! 
— No te estoy pidiendo nada mi amor. Escucha, haz un estudio en la red, la cantidad de dinero que puedes recaudar no es para nada despreciable. Más aun en la situación en la que estamos. 
— Tenemos amigos, familia, conocidos, ¿es que no has pensado en que pasaría si me llegaran a ver nuestros hijos? 
— No, no. No hay necesidad de mostrar tu rostro en lo absoluto. Ahora hay mil formar de proteger la identidad de una persona en un foto o video. 
— ¡Estas loco! —gritó. 
— ¡No, mujer! Pero si hay hasta tutoriales en YouTube. No la vamos a poner en el perfil de tus redes sociales. ¡Obvio que no! Podemos empezar con una cuenta falsa de Instagram e ir llenándola con fotos provocativas. Luego de hacer comunidad, colocamos el enlace.

Ya no miraba a la cámara, estaba tecleando muy rápido en el ordenador. Su mujer había cumplido 41 años ya no era una jovencita, pero era toda una MILF. Sus formas no habían caído, sino que, al contrario, parecía haberse redondeando más por las horas de gimnasio. Luke se sintió orgulloso. A lo mejor si iba a poder ayudar a su familia… indirectamente.

Sara Cranston 
Hogar de la familia Cranston

Sara se limpió las manos sudosas en su pequeño short. ¿Por qué tardaba tanto en revisar si ya sabía que las respuestas estaban mal? Solo debía decirle que era una tonta y que a este paso jamás entraría a la Universidad. Malditas matemáticas, las odiaba. Y odiaba a mamá por obligarla a sentarse a ver esos malditos números todas las tardes.

— ¡Ya está! Discúlpame. 
— Están todas mal, ¿verdad? 
— Si y … No. Deja que te explique… —sonrió como si Sara se tratara de un cachorro.

Esta vez iba a hablar con su padre. Si Crystal no le escuchaba, Luke si lo haría. No iba a dejar que desperdiciaran así el dinero, era el quinto profesor particular en lo que iba de año y nada. Ningún progreso. Este iba a ser último, no iba a dejar que contrataran a nadie más.

— Puff… sabes que, mejor lo dejamos por hoy. Llamare a mamá para que te pague por estas horas… perdidas. No me malinterpretes, hablo en serio. Siento haberte hecho perder el tiempo. Eres una excelente maestra, solo que… no, esto no es para mí—dijo levantándose. 
— Dame un segundo por favor ¡No te vayas! —la tomó de la mano, deteniéndola.

— ¡Hey, no me toques! 
— Por favor, escúchame. Después puedes marcharte y si quieres no me volverás a ver. Hablaré con tu madre, no te cobraré nada. ¿Si? ¡Por favor! —dijo juntando las manos.

Resopló con fuerza y asintió con la cabeza.

— Escucha, tu problema es que no entiendas los ejercicios. Dejas todo a la mitad, no terminas ninguno, en todos los problemas sabes bien que hacer, pero no los terminas.

— Es que no se si lo estoy haciendo bien. 
— Ya… pero para eso estoy aquí precisamente, déjame ayudarte. Mira, revisa estas hojas, te las estoy devolviendo una por una. Me tardé porque coloqué dos ejemplos por cada ejercicio. Ah, y yo misma termine los tuyos. Revísalos y te darás cuenta de que solo tenías que dar un pequeño pasito más.

— Mmm… bueno… así parece…

Se sentó y la invito a que ella se sentara también.

— Necesita confiar más en ti misma, pero hacerlo realmente ¡Vamos! Estoy seguro que quieres hacer un montón de cosas y no estar aquí conmigo. Pues supera esto, no dejas que se interponga. Que cada ejercicio sea como una especie de exnovio al que hay que dar una paliza.

Sara estalló en una carcajada. Vio a Frank en el jardín levantar la cabeza sorprendido.

— Vale, así que tengo que apuñalar unos exnovios… mmm ya— dijo haciendo una mueca creo que lo capto. 
— Vamos a darles una buena paliza.

***

Cuando se dio cuenta de la hora, ya se había ocultado el sol. Su maestra ya revisaba los ejercicios por tercera vez, se había equivocado en menos de la mitad la última vez y estaba emocionada.

— ¡Listo! ¡Terminé! —sonrió satisfecha. 
— ¿En cuántas me equivoque esta vez? 
— Una—declaró. Y Sara se preguntó si había escuchado. 
— ¿Una? —preguntó incrédula. 
 — Si una. Mira aquí, solo tenías que elevar al cuadrado en esta parte al final. Es todo.

No podía creerlo, ¿y si la estaba engañando? Era su primera clase después de todo. Le pareció imposible que mejorara en tan poco tiempo.

— Te noto un poco escéptica, revisa tu teléfono. Los saqué de ese libro, los ejercicios están resueltos.

Vio su iphone pero no dijo nada.

— No creerás que me tome el trabajo de editar el archivo, ¿verdad? 
— Es que… 
— Tu hermano tenía razón. Eres muy buena, a él le tomo mucho más tiempo… muchísimo más— rio— dijo que te sientes muy presionada, pero que eres muy ágil con los cálculos. Que solo tenías que confiar a ti y olvidarte de tu mamá… 
— ¿Eso te dijo de mí? —preguntó, por un momento se le había iluminado la cara, pero con eso último había hecho que se enojara— ¿En qué momento?

Sara odiaba que se metiera con su mamá, había hecho hasta lo imposible para que separe de Luke, destilaba un odio tan cruel hacia su familia también y no entendía por qué. Se había encargado todos estos años de hacer que también lo odiaran y lo había conseguido. Sara había llorado muchas noches por su culpa. Su madre hizo hasta lo imposible para quedar bien con él, pero siempre se encarga de arruinarlo todo, y también se había cansado, igual que su hermana mayor, igual que Luke, había cansado a todos, y esta familia era un desastre por él. Quién demonios se creía para decir que tuviera que olvidarse de su madre.

— Lo siento, perdona. No quise ofenderte— se disculpó. 
— ¿Hoy te dijo eso? ¿Te mando él ese libro?

Lo vio pararse y salir con su bicicleta. Había estado toda la tarde trabajando en su computadora. Se preguntó si había estado espiándoles, era lo más probable.

— No, claro que no. Perdóname. Sabes que hace dos años su padre me contrató para darle las mismas clases que a ti, ¿verdad? En algún momento…—sonrió nerviosa— me lo comentó.

— Te voy a pedir un favor. 
— Dime. 
— Me gusta mucho tu trabajo, hablaré con mis padres para que te contraten, pero solo con una condición. 
— No vuelvas a mencionarlo, ni que es mi hermano. Él se ha encargado de repetir que no es hermano de nadie en esta así que para mí es menos que un fantasma.

Todavía la notaba nerviosa. Asintió y le dio la mano.

— Soy Alice. Nuevamente mucho gusto, Sara. Gracias por la confianza. 
— ¿Mañana habrá teoría? 
— Pero si la dominas, a la mierda la teoría, vamos a prepararte bien con simulacros de examen.

Sara le dedico su mejor sonrisa. Realmente le caía muy bien esa mujer.

— Te acompaño hasta tu coche, espero que no sea muy tarde para ti. 
— No, no te preocupes.

Atravesaron el jardín y salieron a la calle. Su auto era un Honda Accord rojo de un modelo de hace diez años. Estaba muy bien conservado dando la apariencia de nuevo, lo tenía muy bien conservado, pensó. Durante el trayecto comprobó la primera impresión que había tenido al verla. Era muy atractiva, llevaba una blusa ajustada con un escote bastante pronunciado para una maestra. La minifalda todavía era peor, era una que ni ella usaría. Era muy pequeña y le dejaba ver el principio de sus nalgas, si se inclinaba un poco sintió que podía verle hasta el alma. Solo había visto vestir a dos personas así un par de veces. A su madre y a Scarlet.

— Entonces… Hasta mañana, Sara. Buenas noches. 
— Buenas noches, Alice. Hasta mañana.

Cuando entró a casa se dio cuenta que estaba sola, en una media hora llegarían Luke y su madre, prefería esperarlos para comer. En su habitación decidió que lo mejor sería salir relajarse corriendo unos minutos, se cambió y salió trotando en dirección al parque. El vecindario siempre era muy callado a esas horas, entrada la noche no se solía ver a muchas personas. Si cruzaba la avenida iba a tardar más de la cuenta en regresar, decidió mejor tomar una calle lateral y tomar un pasaje muy viejo y angosto que tenía al final un muro a medio construir que a los niños les gustaba saltar para llegar más rápido al parque.

Las luces de medianoche parecían estar a punto de gastarle una broma. Parpadeaban como en una película de terror, y cuando entro al pasaje no funciona. Al fondo, el muro estaba tapado por un Honda Accord rojo, a su costado una bicicleta estaba tirada con todavía las ruedas girando. Y en medio de todo, unos gemidos, unos gemidos que les recordó a los de una película porno que una vez por error descargó.

Pasaron los minutos y se dio cuenta que seguía parada, congelada sin poder dar un paso. Y se dio cuenta que el tiempo había pasado porque escuchaba los gemidos ahora con más fuerza. Tomo todo el valor del mundo y se adelantó para pasar por un costado, todo el mundo en casa podía tener un Honda Accord Rojo en ese momento, y también una BMX plateada de segunda mano. Todo le parecía tan absurdo que empezó a burlarse de ella, porque se sentía ridícula.

Si todo estaba en su mente entonces porque le temblaban las piernas. Se sintió otra vez una niña haciendo una travesura sabiendo que la iban a castigar.

— Ahhhh…. Ahhhhh….mmmmm… ayyyyy… mi amor…

Reconoció la voz y se horrorizó. Se agachó por instinto y empezó a rodear el auto lentamente, muy despacio. Sabía que lo que estaba haciendo era una estupidez. El auto estaba de costado, completamente a oscuras, el lado izquierdo que le daba a ella tenía sus puertas cerradas, se agacho hasta gatear y avanzo rozando el parachoques delantero. El otro lado, el que daba al muro y estaba mejor iluminado, tenía la puerta delantera abierta, ahí distinguió uno de los tacones de Alice, en realidad distinguió la mitad de su pierna que sacudía mientras la silueta de hombre se contorsionaba encima.

— Ahhhhh… mi amor… córrete adentro por favor…

Sara se quitó las zapatillas, admitió que se había vuelto loca. Avanzo en el frio suelo y se asomó para ver mejor. Tenía sus mismas zapatillas y su mismo pantalón, que estaba bajado hacia los tobillos, su trasero serpenteaba vigoroso dando sendas estocadas a la hembra que tenía debajo.

— Ahhhhhhhhh… ayyyyyyy… mi amooooorrrr…

Le llamaba mi amor, ¿mi amor?, ¿con qué derecho? Pudo escuchar el ruido de succión, levantó más la cabeza con la esperanza de ver algo más en esa penumbra que era el interior de ese coche. Las tetas de Alice eran enormes, una de las manos de su follador la tenía bien apretada y la amasaba con una fuerza que parecía querer arrancársela, la otra estaba tapada por unos cabellos que también se parecían a unos que recordaba. Le estaba comiendo esa teta y el ruido que hacía con ella era escandaloso, pornográfico.

— Ahhhhhhhhh……ahhhhhhhhhhhhhhhhh….ayyyyyyy bebeee… me corrooo…

¿Bebé? Esa palabra la hizo marearse, el mundo se había vuelto patas arriba, ¿Acaso alguien le estaba jugando una broma? ¿O acaso estaba soñando? Quiso pellizcarse pero una voz la detuvo.

— Ahhhh…aayyyyyy…..ayyyy…..ayyyyyyyyyy….bebee… me…ahhhhhhhhhh… 
— ¿De quién es este coñito? —susurró despacio.

Y Sara se llevó ambas manos a la boca, porque era su voz. Era su maldita voz, y lejos de alejarse se acercó todavía más.

— Ayyyyy….tuyo… bebeee… tuyo… solo tuyo… 
— Eres mía, solo mía… mi mujer… 
— Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…. me corrroo…. ¡Tuya bebeee! ¡Tuya! ¡Siempre tuya, tu putaaaaa!

Dos manos salieron salvajes apretando ese trasero que se contrajo, se contrajo dejando bien llena de leche a su mujer, a su hembra, a su puta. Y lo escuchó resollar tan alto como un toro porque se había corrido un montón. Sara también se había corrido y se correría más de una vez esa noche, se correría repitiendo esas palabras y recordando el resuello final.

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