Once
años después
Ash
Todo el mundo saltó de sus
asientos cuando el tercer maldito cuervo golpeó el cristal, la lluvia de risas
y groserías no tardaron en retumbar por toda la clase. Ms Keller trató de
mantener el orden, pero fue interrumpida por el sonido de la campana que
anunciaba el final de otro día aburrido en el Instituto. La cacofonía de
treinta y dos voces por fin se fue diluyendo poco a poco.
— Chicos,
¿tienen un minuto? —preguntó la maestra. Ash la observó confundido, Dom no
ocultó su nerviosismo.
Habían creado un canal de YouTube
hace un año que, después de un duro trabajo, se había vuelto muy popular. Si
bien se habían asegurado de que no salieran sus rostros en ninguna toma, se
había esparcido el rumor de que los chicos detrás de dicho canal pertenecían al
Instituto al que asistían, poniendo a todos y a cada uno de los que la conformaban
con los pelos de punta.
Cuando empezaron, sabían que
estaban rozando la ilegalidad y que en algún momento las cosas se pondrían
complicadas. Ash había sido la mente maestra detrás de todo y le preocupaba sus
coartadas, las había cubierto por supuesto, pero había algún que otro hueco por
ahí que no había podido resolver. Si
empezaban a atar todos esos cabos que se le habían escapado estarían perdidos.
— Ehh…
¿hay algún problema señora Keller? —intervino Ash— Tenemos un proyecto de
ciencias que presentar el día de mañana y…
— ¿Qué
significa esto? —reclamó molesta, enseñándoles una captura de pantalla en su
teléfono.
Además del canal de YouTube, Dom
y Ash compartían una cuenta de Instagram en la que publicaban bromas estúpidas
y toda la clase de recopilaciones basura de internet. La captura de pantalla
correspondía a una historia de esa red social en la que se veía a Ms Keller en
una pose muy sugerente. La nota con letras multicolores y emoticonos soeces
decía: “La MILF más caliente del Instituto Santa Helena.”
En realidad, Ash no había tenido
nada que ver, Reiko había llamado a Ms Keller para que le explicara un
ejercicio de cálculo y Dom, que se encontraba a su espalda, había aprovechado
el momento para tomar una fotografía de su falda varios centímetros levantada
en esa posición. Desde luego, tenía que reconocer que el idiota había enmarcado
perfectamente el trasero de su maestra: un culo redondo, grande y jugoso, capaz
de hacer perder la razón a cualquier hombre sobre la faz de la tierra.
— Yo…
yo no… —balbuceó Ash, mientras atizaba con la mirada al perfecto animal que era
su amigo.
— ¡¿En
serio piensas que voy a creerte?! —gritó, señalándolo con un folder azul que
uno de sus compañeros había olvidado recoger, por el grueso de hojas
probablemente se trataba de Jess Hoffman.
— ¡Fue
una broma, maestra! ¡No es para tanto! —dijo Dom, enseñándole una de sus
perladas sonrisas. Su piel de ónice la hacía resaltar más aun, como en un
comercial de pasta de dientes.
— ¡Cállate
Dom! —dijo Ms Keller. Golpeando el folder con la mesa y dejando escapar un par
de hojas al suelo — ¿acaso quieren que los suspendan nuevamente? ¡Denme una
razón por la cual no deba ir ahora mismo con el director!
Dom no supo que decir, en cambio
Ash le explicó que si lo hacía probablemente nunca más volvería a ver sus
amigos. Su madre adoptiva le había amenazado con llevárselo del país si la
hacían llamar nuevamente. No soportaba la idea, después de ir de un lado a otro
por fin se había adaptado a un entorno, le gustaba la ciudad, y sobre todo le
gustaba pasar el tiempo con Dom y Reiko. Después de todo, habían sido los
únicos amigos reales que había hecho.
— ¡Le
juro que no volverá a repetirse! ¡Lo prometemos! —suplicó Dom, sabía que Ash
cumpliría los dieciocho el fin de semana. Si Ms Keller hacia el reporte iba a
ser el peor cumpleaños de su vida, y vaya que había tenido cumpleaños de
mierda.
Uno de esos pajarracos entró graznando
por la ventana y se posó en uno de los estantes. Ms Keller se giró y se le
quedo mirando fijamente por varios segundos, por algún motivo que ninguno
entendió les pidió que se marcharan de inmediato, que necesitaba llamar al
conserje para que se deshiciera de ese animal. Antes les hizo prometer que no
volverían a cometer el mismo error o esta vez sí habría consecuencias, además
de que debían devolver el trabajo de la señorita Hoffman.
No lo pensaron dos veces,
corrieron empujando a todos en su camino hasta llegar a las grandes puertas
dobles de la entrada del edificio y se entregaron a la libertad.
***
El nuevo auto era una maravilla,
para Ash y Dom tenía un significado especial. Ambos eran fanáticos de la serie
SUPERNATURAL de HBO, y aquel Impala del 67 era un sueño hecho realidad, el
rugido de la máquina les producía una especie de euforia, un éxtasis que iba en
crescendo, sobre todo cuando les tocaba hacer una de sus exploraciones urbanas.
Porque a eso se dedicaban en el canal, visitaban lugares abandonados de todo
tipo en busca de fantasmas y viejas maldiciones o leyendas locales.
—
¡Hey! Cambia esa cara, ¿quieres? —dijo,
golpeando su hombro — Con este nuevo video que haremos seguro llegamos a los
cien mil.
Se acercaba a ese número de suscriptores y sus estadísticas
decían que si mantenían el ritmo en el próximo año podrían duplicar esa
cantidad. Era una locura. Su video más visto en el viejo Hospital General de
Arcton tenía más de un millón de reproducciones.
— ¡Te
dije que borraras esa mierda! —replicó Ash.
— ¡Lo
hice! … pero seguro alguien tomo captura y la reposteo en otro lugar.
— ¿Tienes
idea de lo cerca que estuvimos?
— ¡Carajo,
Ash! ¡Mi padre me mataría! Lo sabes… solo que… no sé, ese culo valió la pena,
¿no crees? —Ash no pudo evitar sonreír, la maestra tenía un cuerpo asesino y no
era secreto la devoción que guardaba a sus caderas y a su prominente pecho.
— ¡Hijo
de perra! No vuelvas a hacerlo, ¿me oíste?
— ¡Vale!
¡Vale! ¿Puedes creer que una mujer como esa no tengo pareja, ni siquiera un
simple novio?
Una maestra de treinta y ocho
años con un cuerpo de escándalo, y sin ninguna relación sentimental, se había
vuelto un tema recurrente de conversación. Ms Keller se había transferido hace
seis meses y no había tardado en ganarse el afecto de sus estudiantes gracias a
sus cualidades (y sus voluptuosos atributos), sobre todo de los varones, quienes
la rodeaban de miradas lujuriosas cada vez que no estaba viendo.
— Ni
idea… —dijo Ash, estacionándose frente a la casa de Reiko — … y hablando de
parejas.
Su negro compañero de asiento
abrió los ojos como platos ante la visión, y no era para menos. Reiko Amato y
Jessica Hoffman eran dos bombones que estaban para comerse y el espectáculo que
estaban dando en ese momento era casi pornográfico.
— ¡Oh
mierda! —susurró Dom, tragando saliva.
Lo primero que Ash vio fue la
larga cola de caballo de la asiática cayendo por su espalda hasta besar su
precioso culo grande y respingón. Se había teñido el cabello de azul oscuro en
uno de esos retos de chicas en el que Jess también había participado. El rosa
dorado que había elegido le quedaba espectacular.
Ambas llevaban camisetas blancas de tirantes, lo
suficientemente cortas para exponer un vientre plano y en perfecta forma, y por
supuesto, para que sus redondos pechos, gordos y llenos pudieran moverse
cómodos sin las restricciones del sujetador.
Ash había deducido hace algún tiempo que tenían que ser DD.
Pero esa ni siquiera era la mejor parte de esos perfectos
especímenes. Ambas también llevaban leggins spandex a juego con el color de su
cabello, el mismo que mostraba de forma pletórica las curvas de sus musculosas
piernas y que mordía con avidez semejantes traseros de ensueño.
En ese campo, sin duda había un duelo a muerte, la imagen
impecable en forma de corazón sobresalía magníficamente de la espalda de cada
una. Aquellas persistentes ondulaciones y sacudidas invitaban irresistiblemente
al espectador a acercarse, o al menos a admirar detenidamente tamaña obra de
arte.
Y en ese momento ambas se estaban besando en una nube de
lujuria, sujetando y acariciando al mismo tiempo las nalgas de la otra en un
magreo obsceno y pecaminoso.
—
Ho… hola… —interrumpió Ash, estaban en plena calle
y Reiko parecía a punto de sumergir las manos bajo los leggins de su novia.
—
¡Hijo de
perra! — susurró Dom — ¡Justo en la
mejor parte! —parecía que en esos momentos se iba a largar a llorar.
—
¡En serio te vas a ir con ellos! —reclamó Jess, mirando
a Ash y Dom como si fueran enfermos de lepra.
—
Hice una promesa —dijo, dándole un beso de
despedida a su novia —¡Es hora! ¡Lo siento! — dijo rehuyéndole la mirada.
—
¡Por Dios! No se te ocurra llegar tarde a la
fiesta, ¿eh? —Reiko solo atino a sonreír, una sonrisa que en ese momento le
supo a tristeza.
—
Eso es tuyo, ¿verdad? —preguntó Ash, enseñándole
el folder.
Jessica Hoffman ni siquiera lo abrió, dijo que no era suyo y
se fue en su bicicleta sin más. Mientras alejaba Reiko no pudo evitar suspirar,
Dom y Ash también, sus nalgotas desde la distancia eran todo un
espectáculo.
—
Bien, ¿están listos? —preguntó Dom. Ash y Reiko
asintieron, observando a la magnífica preciosura alejándose— ¡Más les vale, el
lugar que les prepare tiene una historia increíble!
***
Fueron más de dos horas de carretera, pero valió la pena. Ash
estaba emocionado, la Escuela Privada de Chester lucía escalofriante. La casa
de estudios había albergado a más de quinientos estudiantes en su época y era
una de las más famosas en internet, la leyenda decía que si eras lo
suficientemente valiente para recorrer sus pasillos podías aun escuchar los
lamentos de todos los estudiantes que murieron en el incendio de hace once años.
—
Da miedo, ¿verdad? —dijo Dom, apuntando la
linterna a su rostro.
—
Yo propuse Blue Mountain—replicó Reiko, incómoda
y claramente enfadada—¡Me voy de aquí! ¡Ash, vámonos!
—
¡Hey! ¿Qué les pasa? —preguntó Dom, incrédulo —
¡Este lugar es increíble! ¡Hasta conseguí un plano de él! —dijo enseñándoles su
teléfono.
—
¡No, no y no! ¡No debemos estar aquí! —dijo
tajante — Ash… vámonos… no puedes estar aquí…
Había algo en su rostro que no alcanzaba a comprender, ¿era
miedo? ¿miedo real? Imposible, Reiko era la primera en burlarse de ellos a la
primera oportunidad. Había algo más, algo que probablemente solo sabía ella y
que no tenía intención de contar.
—
Si no quieres entrar está bien —dijo Ash, por
fin. No quería perder más tiempo, se moría de ganas por entrar.
—
¡No Ash! ¡No comprendes! ¡Tú no puedes, es…!
—
Al final sí que tienes miedo, ¿eh? Bien, esto es
cosa de hombres — declaró Dom. Empujando la reja que protegía el edificio con
un crujido. Ash se colocó la GoPro en la cabeza y le siguió. Un minuto más
tarde, Reiko corrió detrás de ellos.
Un olor a moho impregnaba el primer pasillo. En un rincón
había un montón de botellas vacías de vino y cerveza, además de una colección
de agujas hipodérmicas. Más allá las paredes estaban manchadas de suciedad y de
un sinnúmero de eslóganes pintados con spray de distintos tonos. Entre ellos,
muchos de naturaleza sexual y obscena en el que el común denominador era un
único nombre: “SELINA” Una buena cantidad de preservativos en el suelo terminaba
la decoración.
Dom los animó a seguir avanzando hasta llegar a los baños.
Las cañerías se habían desprendido del techo y de ellas goteaba una oscura agua
fétida al suelo de linóleo. Los escombros, basura, polvo y suciedad llenaban
todos los rincones. El olor a humedad característico.
Subieron al segundo y tercer nivel
grabando y tomando fotografías de cada detalle que encontraban. Comedores,
aulas y habitaciones, todo se caía a pedazos, la escalera que llevaba a la
azotea estaba en tan mal estado que prefirieron regresar y no tentar su suerte,
parecía a punto de derrumbarse bajo su peso.
Los fantasmas de la memoria
acechaban los roídos muros. Dom tomó una fotografía de lo que el aseguraba era
un rostro humano en una de las puertas desvencijadas. Una lástima que no
pudieran grabar el olor a carne quemada, solo cuando se hizo insoportable se
rindieron huyendo al exterior.
Reiko solo dejo de temblar cuando
por fin abandonaron el edificio.
— ¡Wow!
¡Eso ha sido increíble! —gritó Dom, eufórico.
— ¡Prométanme!
¡Prométanme que no volverán a este lugar!
— Reiko,
¿acaso no sentiste lo mismo? —preguntó Ash — Esto es completamente distinto a
lo que hemos hecho antes, estoy seguro que…
— ¡Basta!
¡Por favor! —dijo suplicándole a Dom, sabía que estaba enamorado de él — ¡Ya no
estaré un tiempo con ustedes! Necesito que me prometan que no volverán.
— ¿A
que te refieres? —preguntó su moreno amigo — Tienes una fiesta en la casa de Jess
a la cual no nos invitaste, ¿es eso?
— No
lo entiendes…yo… —sus ojos empezaron a humedecerse— … no habrá fiesta, no
volveré a la escuela. Esta será la última vez que me vean en mucho tiempo, tal
vez… tal vez ya no nos volvamos a ver nunca más.
— ¿De
qué demonios estás hablando? — reclamó Dom. Sea lo que sea que tenía que decir,
Ash sabía que no le iba a agradar escuchar.
***
La vuelta a casa fue en completo
en silencio. Primero porque su amiga no los acompañó y segundo por el pésimo
estado de ánimo con el que les dejó. Mientras
Ash conducía observó a su amigo tan confundido como él, perdido en sus
pensamientos. Los había dejado solos después de que les había dicho que se iba
del país por un tema familiar, Reiko había llorado en su hombro mientras se lo
contaba y había dejado que se despidieran a solas. Ambos estaban devastados, el
grupo nunca sería el mismo sin ella. Habían perdido a su amiga esa noche y las
cosas ya no serían como antes.
— Me
bajo aquí —dijo Dom, al final de la calle Windhorn.
— ¿Pero
aun no llegamos a tu casa?
— Prefiero
caminar—dijo bajándose sin despedirse. Sin duda la noticia le había afectado
muchísimo más. El idiota se había enamorado a pesar de que sabía lo de Jess.
Las cortinas de la noche se
habían cerrado tan oscuras, nostálgicas y melancólicas. Cuando por fin llegó a
casa encontró al mayordomo esperándole a la entrada como siempre. Vio a varios
empleados cargando cajas y cajas que llevaban a la entrada.
— ¿Otra
remodelación en el estudio?
— Oh,
desde luego, joven Ash —dijo, invitándolo a entrar — Espero tenga hambre. La
cena de esta noche es…
— No,
lo siento —respondió, levantando una mano— Me voy a mi cuarto, estoy un poco
cansado.
— Me
temo que tendrá que esperar un poco, cambiamos su cuarto al sótano… otra vez…
por órdenes de su madre.
“Esa mujer”, pensó Ash. Por eso
odiaba estar en casa, era insoportable vivir con alguien siempre tratándolo
como un paria, no entendía porque lo había adoptado, y no entendía aún más porque
el todavía la seguía aguantando. Suspiro cansado, en el fondo lo sabía muy
bien.
Inexplicablemente se había enamorado
de ella, y le enfadaba reconocerlo. Era estúpido.
— ¿Qué
es eso? —preguntó Ash, señalando una caja en la mesa de la cocina.
— Ohh…
nada… no es nada…
— ¡Lucien!
¿está listo mi pastel? —interrumpió aquella otra mujer que le despreciaba.
Emberly se sobresaltó sorprendida
al verlo ahí de repente, el pobre mayordomo quedo acusado con la mirada de
inmediato.
— Buenas
noches, Ember —dijo llenándose de valor —¡Feliz cumpleaños!
Si Reiko y Jess eran dos bellezas
de cuerpos esculturales, la figura de Emberly debía de pertenecer al de alguna
diosa antigua. “De tal palo, tal astilla”, pensó. Casi ya calcaba las curvas de
su madre y eso era más que un cumplido, una oda a la perfección. Nunca jamás
había conocido a alguien de su edad de tamaña fisionomía, ni siquiera en el
porno que Dom le compartía.
— Hoy
cumples diecinueve, ¿verdad? Lo había olvidado, espero que…
— Eso
no es de tu incumbencia —dijo tomando el pastel.
— ¡Ocúpate de tus propios asientos y no
vuelvas a molestarme! —dijeron ambos al mismo tiempo.
— Si,
lo siento. Me aprendí tu frase después de tanto escucharla, ¿Quieres que me
vaya para que celebres tu cumpleaños a solas como siempre lo haces? Pues de
verdad lo siento, solo quería un poco de agua. Ya me voy.
— ¡Cállate!
¡Mi madre llegara en cualquier momento!
— ¡No!
¡Hoy es un día importante! ¿Lo olvidaste? No participó en su plática del
desayuno porque nunca me dejan, pero eso no quiere decir que no escuche lo que
dicen. Hoy a medianoche hay una gran asamblea… de bueno… una reunión muy
importante.
— ¿Qué?
¿Eso dijo? —preguntó atónita — A veces se
le olvida que no debe hablar de los asuntos de Kertia en tu presencia
—susurró.
— No
entendí eso último que dijiste… pero mira… siento ser una molestia. Lo siento,
de veras, disfruta de tu pastel.
— ¡Nunca
has sido una molestia! ¡Nunca! Pero eso ya no importa, no volverás a verme.
Mañana ya no estaré.
— ¡Señorita!
—intervino Lucien — Si la señora se entera que dijo…
— ¿De
qué hablas? — pregunto confundido.
— ¡Me
voy Ash! ¡Lejos, muy lejos! A un lugar en el que no se llega por tierra, aire o
por mar —suspiró melancólica — ¡Me gustas! ¡Me gustas mucho! ¡Siempre me has
gustado! ¡Desde el primer día que te conocí! Pero así son las cosas… tú y yo
jamás estaremos juntos… —expuso, finalmente tomando el pastel y dejándole de
piedra.
La mandíbula de Lucien parecía
haberse caído al piso, y Ash se preguntó si su rostro debía tener el mismo
aspecto. Era lo más probable.
Cientos de cosas pasaron por su
cabeza en ese momento, ninguna le ayudó a comprender todas esas palabras. No
volvería a verla, eso había dicho. Igual que Reiko ¿Se había burlado de él con
lo otro? Había intentado ser su amigo por años, pero siempre lo había rechazado
¿Por qué ahora decía todas esas cosas? Era absurdo. Le evitaba todo el tiempo y
había aprendido a evitarla también, incluso había intentado odiarla, como a
Dahlia. Entonces, ¿por qué su corazón le latía tan fuerte?
Era su cumpleaños y a pesar de
que su familia estaba lejos de ser pobre, Ash no tenía nada de valor real que
ofrecerle. Pensó en su coche, pero lo habían comprado juntos con Dom, y además
dudaba de que le sirviera al lugar que iba. Entonces pensó en una única cosa
que de verdad podía significar algo para ella.
El pequeño colgante en su pecho
era una especie de daga en miniatura de un material que desconocía. Su
significado, un misterio. Pero recordaba a Ember observándola con curiosidad
cuando se la quitaba. Dahlia le había dicho que era un recuerdo, nada más, y
Ash no podía recordar nada, solo se había acostumbrado a llevarla porque le
habían dicho que era suya. Si a Ember le gustaba estaría bien que se la
quedara.
Después de llamar a la puerta de
su habitación por varios minutos se dio por vencido. No respondió jamás y entendió
que no quería hablar con él. Arrojo su regalo en un sobre por debajo y se
marchó a la cafetería que quedaba a un par de calles de su casa.
***
La campanilla tintineó al abrir
la puerta, una voz al fondo gritó que habían cerrado hace más de una hora.
— El
alquiler señora, debe más de tres meses y estoy empezando a cansarme—gritó Ash.
Alcanzó a escuchar un par de
maldiciones, luego tacones avanzando presurosos con ganas de romperle la
quijada a alguien.
— Escucha
pedazo de mier… —Ash le recibió con una sonrisa — ¡¿Ash?! ¿Qué haces aquí?
— Hola,
Eve. Perdona, ya sé que está cerrado. La última vez me dijiste que podía
pasarme cada vez que sintiera que las cosas no iban bien. Hoy es una noche de
esas.
— Oh,
Ash, cuanto lo siento. Reiko se despidió de ti, ¿verdad?
La mujer de piel de ébano media
alrededor de metro ochenta y era tan voluptuosa como su madre adoptiva. Tenía
muslos gruesos que conducían a un trasero de burbuja y una cintura tan estrecha
que parecía imposible que pudiera sostener tamaño par de globos de carne que
cargaba en el pecho. Una mujer imponente, e intimidante para algunos. Siempre
con el cabello recogido en un moño alto y ojos color zafiro enmarcados por
pestañas largas y perfectamente delineadas. Aros grandes y dorados en las
orejas y labios gruesos pintados de un rojo carmín que apetecía comérselos.
— Así
que también vino a hablar contigo…
— Si…
bueno. Cuando creces no puedes mantener a todos tus amigos contigo.
— Lo
dices como si se me cayeran de los bolsillos —dijo caminando sin invitación a la
habitación de puerta roja.
“Evanora tiene un don”, le había
dicho Dahlia aquella noche hace 8 años. “Será tu tutora, puedes confiar en
ella.” Podía hablar con ella, era verdad, le gustaba escucharla, pero nunca
había podido confiar del todo en ella. Le ocultaba cosas, tenía un pasado que
no compartía, y había momentos en los que simplemente huía de sus preguntas.
Sin embargo, esa noche tenia a nadie más.
— Harás
nuevos amigos, Ash. Estoy segura, confía en ti un poco más. Tú y Dom lo
superarán.
Abrió la puerta y sintió alivio.
Era como si las imágenes en esos cuadros le llenaran de una calidez especial. Podía
admirar cada pintura por horas, su atención al detalle, su magnífico estilo y
trazo que hacia viva cada escena. Desde simple retratos a lápiz hasta elaborados
mundos de fantasía, simplemente no podía dejar de admirarlos, había algo más en
esos cuadros que no podía entender.
— ¿Está
terminado? —preguntó, señalando el lienzo en el centro de la habitación.
El arte de Evanora era increíble,
le había preguntado muchas veces porque no había vendido alguna de sus
pinturas, pero siempre le había respondido que eran pedacitos de ella, que no
podía vender un trozo de su alma.
— Aun
no… pero falta poco… muy poco…
Su favorita era la obra titulada:
La caída de Thasabel. Casi podía
palpar la magia de aquellos poderosos magos, sentir la angustia y la
desesperación de los soldados ante aquel fuego que devoraba todo a su paso, apretar
los puños ante el coraje de aquellas mujeres de increíble belleza y poder que
luchaban sin descanso por una causa perdida. Finalmente, esa sensación: dolor.
Mucho dolor, por un mundo a punto de desaparecer.
— ¿Cómo
la llamaras? — inquirió, sentándose en el banco que hace instantes había
ocupado Evanora.
Una despampanante mujer madura
era bañada en flores mientras una abadesa le colocaba una diadema dorada
ceremoniosamente. A su lado, un jovencísimo muchacho de probablemente su misma
edad miraba hacia la multitud mientras le colocaban la misma joya en la cabeza.
Había rostros de todo tipo alrededor. Mujeres y hombres que se miraban
incrédulos, otros avergonzados, o indignados, algunos adustos, otros con un
semblante que no disimulaba su disconformidad. Solo una mujer parecía
complacida de la celebración.
Una mujer imposiblemente hermosa.
Una rubia de lascivo atuendo con
un rostro extrañamente familiar.
— La
reina de la mentira —dijo Evanora.
Yelena
Enemigos. Había enemigos por
todas partes. Se disfrazaban con asquerosas sonrisas y se inclinaban para besar
su mano de la forma más hipócrita que había visto. Hombres y mujeres que ahora
buscarían la forma de deshacerse de ella cuanto antes. Pero no lo iba a
permitir, había alcanzado la gloria y no iba a dejar que se la arrebataran tan
fácil.
— ¡Por
Oscentis! Se me ve todo, ¿verdad?
— ¿Así
planeas ganarte el favor de tu reina? —abrió la boca indignada— ¿Robándole toda
la atención en el día de su boda?
— Casi
haces que me conmueva —dijo, volviendo acomodar su vestido por enésima vez — ¿Has
visto a mi marido? No lo veo por ninguna parte.
Lamentaba que Evanora no hubiera
podido asistir, como guardiana del muchacho
Ansiaba desesperadamente tener su
teléfono en ese momento. Se moría por leer los comentarios de su última
publicación de Onlyfans. No dejaba de pensar en si su traje de amazona había
superado la cantidad de likes del de animadora. Y es que de niña siempre había
sido una fanática del cosplay, por eso había accedido encantada a la pantomima,
Crystal le había prometido acceder a todos los vestidos que quisiera, y por
supuesto, también a poder vengarse de esos corruptos hijos de perra que la
expulsaron de la Orden hace quince años.
— No
te lo dije, pero… — sorprendentemente ya tenía otra copa en la mano—… bueno ya
va siendo hora de que te enteres — Crystal no era una mujer que se anduviera
con rodeos y eso era mala señal— …no volverás a la ciudad por tres meses.
— ¡¿Qué?!
—gritó poniéndose en pie de golpe.
La botella de vino que había
arrebatado a una de las sirvientas cayó rodando recorriendo la mitad del salón hasta
chocar con la bota de su augusta y honorable majestad. Dahlia Von Castell, que
se encontraba bailando con el joven Rey Kalen I, les dedicó una profunda mirada
de desprecio.
— Mi
reina, ¿ocurre algo? —preguntó, corriendo a su lado.
— Ehh…
¡El banquete! ¡No sé porque tardan tanto! —dijo sentándose, y haciendo un gesto
con la mano para que todo el mundo siguiera con lo suyo.
— ¡No
es posible! ¡Ahora mismo me encargo! —dijo, poniéndose muy serio.
— La
reina… necesita descansar… me permite llevármela unos segundos
— ¡Zorra!
—respondió Yelena, augusta majestad y honorable reina de Kertia.
— ¡Tú
más! —replicó, apurando su copa y
sonriendo de forma descarada.
Todo el mundo dejo de moverse
para girarse a ver su reina MILF
— Estúpida,
es que quieres arruinarlo todo
— Zorra,
me dijiste que era
— Habrá
alcohol al menos
— El
que quieras… todo el tiempo.

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